Aun con los reclamos de mi mamá porque no le gusta el
nombre, nombramos a mi hijo Vladimir, claro que además le puse mi nombre, como
para dejar mi marca. Pero bueno, esto ya lo teníamos pensado casi desde antes
de que mi esposa quedará embarazada.
El día que decidimos contarles a mis padres los nombres que
teníamos planeados, Vladimir fue de los que menos aprobación tuvieron. Quiero
aclarar que no es que nos guste llevarle la contraria a la gente pero
simplemente ese nombre término por gustarnos.
Realmente contemplamos casi treinta nombres, de verdad nos
dimos a la tarea de buscar ese nombre ideal con el que podríamos darle
originalidad y evitarle el “bulling” en la escuela. Para ser sincero no sé si
podrá evitar eso último pero al menos tendrá originalidad.
Ahora podría decir que la cosa más intrépida sería la vez
que cambie de pañal a Vladimir por mi propia cuenta, previo a esto solo lo
había hecho otras dos veces, una con ayuda y otra lo deje a medias y mi esposa
me rescato. Cuando comencé el proceso tuve que mentalizarme de tantas maneras
posibles para evitar unirme al festín de desgracias (vomitar). No fue tan
complicado retirar los sellos auto adheribles del pañal, el problema vino
cuando al casi estar por terminar de limpiarlo mi hijo me jugó su primer broma
de la vida, volvió a hacer sus necesidades al aire libre. Aunque ahora que lo
pienso quizás solamente estaba ayudándome a practicar para futuras ocasiones.

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